La Sociedad Zoológica de Frankfurt, como parte de la Alianza Amazónica para la Reducción de los Impactos de la Minería de Oro (AARIMO), reunió a representantes de universidades, ONGs y entidades públicas con el fin de compartir experiencias, retos y caminos posibles para enfrentar uno de los problemas socioambientales más complejos del país: la contaminación por mercurio.
10 ideas clave para remediar la contaminación por mercurio en la Amazonía colombiana

El mercurio, un metal tóxico prohibido o fuertemente restringido en la mayoría de los países del mundo, sigue siendo traficado y ampliamente utilizado en la minería de oro en la Amazonia. Hoy, esta selva recibe el 30 % de toda la contaminación por mercurio globalmente, el nivel más alto documentado hasta ahora.
Además, investigaciones recientes revelan que los niveles de mercurio en las personas que habitan el territorio amazónico superan los límites recomendados por la Organización Mundial de la Salud, lo que les representa un riesgo de sufrir trastornos neurológicos y del comportamiento, así como disfunciones cognitivas y motoras. Frente a este panorama, los científicos han empezado a explorar posibilidades de remediación, un concepto que hace referencia a la remoción o inmovilización del contaminante.
Así han surgido enfoques para mitigar la contaminación por mercurio, entre ellos la biorremediación (uso de organismos como bacterias y algas que lo encapsulan o transforman), fitorremediación (uso de plantas que lo absorben y concentran en tejidos o lo volatilizan); ; y ficorremediación (uso de hongos que lo atrapan). El uso de la fitorremediación es, hasta ahora, la opción más avanzada, pues ya se ha probado en proyectos piloto en Sucre, Córdoba y Chocó.
Aún así, los investigadores continúan trabajando para poner a prueba nuevas formas de remover esta sustancia que se caracteriza por su volatilidad y movilidad, lo que se traduce en una mayor complejidad para lograr su remoción. Para hablar sobre los avances en este campo, se realizó la Reunión de Expertos en Remediación y Recuperación de Sitios Contaminados por Minería de Oro.
En esta participaron investigadores y docentes como como Luis Marrugo, de la Universidad de Córdoba; Gladys Cardona, del programa de Ecosistemas y Recursos Naturales del Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas (SINCHI); Lis Manrique, de la Universidad de la Amazonía; Yuber Palacios Torres, de la Universidad Tecnológica del Chocó; Enrique Peña, de la Universidad del Valle, y Luis Carlos Montenegro Ruiz y Dr. John Edwrad Cano, de la Universidad Nacional. También representantes de Parques Nacionales Naturales y el Servicio Geológico Colombiano.
De acuerdo al lugar en el que se han realizado las actividades mineras, es importante determinar aspectos como: qué tipo de extracción se ha realizado (aluvial o a cielo abierto); dónde se ha depositado el mercurio; qué nivel de contaminación presenta el agua, el suelo y los sedimentos; qué nivel de degradación presentan los elementos bióticos del ecosistema, y qué extensión del territorio que ha sido afectada. Todo esto es indispensable para definir las soluciones viables para el proceso de remediación.
La falta de infraestructura, el aislamiento geográfico y los riesgos de seguridad limitan la aplicación de tecnologías complejas. Por eso, la biorremediación y restauración ecológica, se consolidan como alternativas viables y adaptadas a la región.
Para trabajar en zonas afectadas por minería se necesitan permisos de autoridades tradicionales, líderes locales e incluso grupos armados. Pero más allá de eso, las comunidades deben ser parte del proceso, capacitarse y apropiarse del monitoreo, no ser solo guías en recorridos por el territorio. Esto garantiza la sostenibilidad de los proyectos en el tiempo, reduce costos (por ejemplo, comunidades capacitadas para tomar muestras pueden apoyar con el envío de las mismas a laboratorios, lo que ahorra costos de desplazamiento para equipos investigadores) y facilita el acceso a zonas críticas.
Cada territorio es distinto. Suelos ácidos, pozas, relieves alterados, ríos crecientes y áreas deforestadas definen la estrategia. Por eso la técnica nunca debe elegirse antes del sitio: puede ser fitorremediación, compostaje, biochar o restauración, pero siempre basada en el contexto local.
La minería aluvial destruye la capa vegetal y deja suelos infértiles. Los expertos insistieron en que sin reconstrucción del suelo —con compost, abonos o soluciones de la selva— ninguna estrategia funcionará, ni siquiera las biológicas.
Los grupos de investigación presentaron avances con macrófitas nativas, microalgas, cianobacterias y bacterias reductoras de mercurio, capaces de inmovilizar, absorber o transformar el metal hacia formas menos tóxicas. El reto ahora es llevar estos hallazgos del laboratorio a pilotos en campo, con controles de seguridad y monitoreo continuo.
Los investigadores le apuestan al desarrollo de biocarbón elaborados con biomasa amazónica (como residuos de yuca, coco o cacao), los cuales pueden capturar mercurio, mejorar suelos y servir como soporte para microorganismos. Aunque aún está en fase de estudio en instituciones como el SINCHI, es una estrategia prometedora por su disponibilidad y bajo costo.
Los territorios más afectados suelen tener difícil acceso (lo que incrementa los costos en desplazamiento) y problemas de orden público. Sin embargo, trabajar en áreas protegidas —como Parque Río Puré o Yaigojé Apaporis— presenta ventajas, entre ellas el apoyo de las comunidades, con las cuales ya se han pactado acuerdos de conservación y se han adelantado procesos de fortalecimiento de capacidades en actividades como monitoreo de ecosistemas y especies.
La mayor fuente de exposición al mercurio es el consumo de pescado, y en la Amazonía las comunidades ya reportan síntomas asociados a la exposición a este elemento. Por eso, los expertos fueron enfáticos: no basta con medir, hay que actuar ya con medidas de mitigación de riesgo, educación ambiental y alternativas seguras para el consumo de agua y alimentos.
Gran parte de la información recolectada en el país queda guardada y no llega a los territorios. La Alianza propone fortalecer el Portal de datos AARIMO como un repositorio confiable para esta información. Adicionalmente se propone coordinar esfuerzos entre los ministerios, Parques Nacionales, el Instituto Nacional de Salud, universidades y organizaciones territoriales, para que se tomen decisiones informadas y colectivas.



