Aunque sostienen la selva tropical más grande del planeta, los suelos de la región se caracterizan por su fragilidad: son poco profundos y fértiles. Les contamos por qué.
¿Qué tienen de especial los suelos amazónicos?
Hablar de los suelos amazónicos es reconocer su complejidad: no todos son iguales y dependen de las características geológicas que los soportan. Aún así, la mayoría de ellos son bastante antiguos (a diferencia de los andinos), lo que los hace menos ricos en materia orgánica y en nutrientes, es decir menos fértiles.
La antigüedad de estos suelos está relacionada con la influencia del Escudo Guyanés, una formación con alrededor de 1.700 millones de años, caracteriza por ser un gran macizo rocoso precámbrico con una rica biodiversidad, una vasta red hidrográfica (incluyendo las cuencas del Amazonas y Orinoco) y formaciones geológicas únicas como los tepuyes.
Pero, ¿cómo puede la selva tropical más grande del planeta sostenerse en suelos poco profundos y fértiles? Esta es una característica fascinante y bastante estudiada por los científicos, quienes han concluido que los suelos amazónicos tienden a ser ácidos y tener altos niveles de óxidos de hierro y aluminio, entre otras características físicas y químicas a las que, evolutivamente, solo se han adaptado las especies nativas de esta selva. Estas, a su vez, protegen al suelo de la erosión, mantienen la humedad y regulan la temperatura.
Esto quiere decir que la cobertura forestal conserva la estructura y funcionalidad del suelo. Si esta se tala o se quema, el suelo se degrada con rapidez y se afecta la capacidad del bosque para almacenar carbono y regular el clima.
Otra característica clave de estos suelos es que el ciclaje de nutrientes ocurre en su capa superficial. Por eso cuando cae la lluvia, arrastra nutrientes de las hojas y los deposita en el suelo, donde las raíces y micorrizas —hongos asociados a las plantas— los absorben rápidamente y los devuelven a los árboles, permitiendo que el bosque crezca sin necesidad de suelos ricos.

- Si se tala o se quema la vegetación, se empobrece el terreno, lo que significa que el suelo no es apto para resistir la agricultura continua ni los monocultivos.
- En un bosque diverso, cada planta tiene necesidades nutricionales distintas. Esto hace que no se agote el mismo nutriente del suelo (como pasaría con un monocultivo) y que el bosque pueda seguir existiendo.
- La fragilidad de los suelos amazónicos hace que la intervención humana (tala, minería, incendios) pueda causar daños casi irreversibles, pues su regeneración natural puede tomar décadas o siglos.

Solo las chagras (sistemas de siembra), implementadas por las etnias indígenas amazónicas hace miles de años, mantienen el suelo amazónico en las condiciones indicadas para sostener el bosque.
Aunque una chagra implica la quema controlada de una porción de selva (alrededor de una hectárea), luego de varios ciclos de uso de la misma, las comunidades indígenas dejan descansar el bosque para que regenere a través de procesos naturales como la dispersión de semillas y la polinización.
En las chagras no solo crecen alimentos, medicinas e insumos, sino también lazos comunitarios, arraigo por el territorio y una conexión profunda con la Tierra. Para fortalecerlas y reivindicarlas, más de 60 chagras son monitoreadas anualmente en el Parque Nacional Natural Amacayacu. Conozca más aquí